Mi alumno no termina las tareas: qué observar antes de pensar que es falta de atención

 🔎 Un síntoma. Varias hipótesis · #01

Este artículo abre una nueva serie en EducarPT en la que partiremos de situaciones muy habituales del aula para intentar ir un poco más allá de lo que vemos a primera vista.

Porque observar no es diagnosticar.

Pero observar bien es imprescindible para intervenir mejor.

 


 


Hoy, como maestra, quiero partir de una situación que probablemente muchos hemos vivido más de una vez en el aula.

Estamos en clase, en cualquier escuela que podamos imaginar. Son las 10:15. La mayoría del grupo está terminando la actividad y hay un alumno o una alumna que todavía va por el segundo ejercicio.

Nos acercamos.

—Venga, que tienes que acabar.

Trabaja durante un momento, justo mientras estamos a su lado. Nos alejamos y, poco después, vuelve a estar parado.

Y aparece una conclusión muy habitual:

«Se distrae muchísimo. Si estuviera atento, acabaría.»

Puede ser.

Pero también puede no serlo.

Porque “no termina las tareas” describe lo que estamos viendo, pero no explica por qué está ocurriendo.

Y ahí empieza precisamente nuestro trabajo de observación.

1. Primero: separar conducta de interpretación

Antes de pensar en diagnósticos, dificultades o intervenciones, conviene distinguir algo muy básico: lo que observamos de lo que interpretamos.

Lo que observo

“Después de 20 minutos ha realizado 3 de los 8 ejercicios.”

Esto es algo que puedo ver, registrar y compartir con otra persona.

Lo que interpreto

“Es lento.”
“No se concentra.”
“No quiere trabajar.”
“Tiene déficit de atención.”

Estas frases pueden llegar a convertirse en hipótesis razonables, pero no son observaciones.

La primera frase describe una conducta. Las siguientes intentan explicar por qué ocurre.

Y esa diferencia es importante.

Porque cuando confundimos observación e interpretación corremos el riesgo de decidir demasiado pronto qué necesita un alumno.

Antes de preguntarnos:

«¿Qué tiene?»

quizá deberíamos preguntarnos:

«¿Cuándo ocurre?, ¿cuándo no ocurre? y ¿qué cambia entre una situación y otra?»

Ese es el punto de partida.

Un mismo resultado puede tener causas diferentes

Un alumno puede no terminar una tarea porque no ha comprendido bien qué tiene que hacer.

Otro puede comprender perfectamente la actividad, pero no saber cómo empezar.


Otro puede empezar bien y perder los pasos mientras trabaja.

Otro puede saber hacerlo todo correctamente, pero necesitar mucho más tiempo.

Y otro puede estar realizando una tarea que exige una habilidad que todavía no tiene suficientemente automatizada.

A simple vista, el resultado puede ser exactamente el mismo:

no termina.

Pero la explicación puede ser completamente diferente.

Y, si cambia la explicación, también debería cambiar nuestra intervención.

2. ¿Ha comprendido qué tiene que hacer?

Un niño puede parecer lento cuando, en realidad, está intentando reconstruir una consigna que no ha comprendido suficientemente.

A veces empieza una actividad distinta de la solicitada. Otras veces mira continuamente qué están haciendo sus compañeros. También puede preguntar varias veces qué tiene que hacer o esperar a que un adulto se acerque para empezar.

¿Qué podemos observar?

  • ¿Empieza una tarea diferente de la solicitada?
  • ¿Mira constantemente lo que están haciendo los compañeros?
  • ¿Pregunta repetidamente “¿qué hay que hacer?”?
  • ¿Empieza mejor cuando se lo explicamos individualmente?
  • ¿Puede explicar con sus propias palabras qué debe hacer?

Una pequeña prueba en el aula

En lugar de preguntarle únicamente:

“¿Lo has entendido?”

podemos probar a decir:

“Explícame tú qué tienes que hacer primero.”

La respuesta nos aporta mucha más información.

Si no puede explicarlo, si explica solo una parte o si empieza por un paso que no corresponde, quizá el problema no sea que necesite más tiempo.

Quizá necesita:

  • instrucciones más claras;
  • menos información simultánea;
  • un ejemplo resuelto;

  • pasos visibles;
  • una comprobación de comprensión antes de empezar.

Desde el Diseño Universal para el Aprendizaje, CAST propone precisamente ofrecer apoyos que faciliten la planificación, la organización y el desarrollo de estrategias para alcanzar una meta.
CAST – UDL Guidelines: Strategy Development

3. ¿Consigue empezar solo?

Este caso es diferente.

Le preguntamos qué tiene que hacer.

Lo sabe perfectamente.

Puede explicarlo, conoce el procedimiento e incluso podría decirnos cómo resolver la actividad.

Pero la hoja continúa vacía.

Nos acercamos.

—Venga, empieza por esta.

Y entonces empieza.

En esta situación ya no parece que la dificultad principal esté en comprender la consigna.

Quizá tenemos que observar el inicio de tarea.

¿Qué observaría?

  • cuánto tiempo pasa desde que recibe la tarea hasta que empieza;
  • si necesita siempre una señal adulta;
  • si sabe identificar cuál es el primer paso;
  • si sucede también en tareas que domina;
  • qué ocurre cuando dividimos la actividad en partes más pequeñas.

Y aquí aparece una pregunta especialmente útil:

¿Qué estoy aportando yo cuando estoy a su lado?

Tal vez estoy marcando el primer paso.

Tal vez estoy reduciendo las opciones.

Tal vez le estoy ayudando a organizarse.

Tal vez mi presencia funciona como una señal para iniciar la tarea.

Si es así, el objetivo no debería ser permanecer siempre a su lado, sino hacer visible esa ayuda para que pueda utilizarla de manera progresivamente más autónoma.

Por ejemplo, en lugar de repetir:

“Venga, trabaja.”

podríamos ofrecer algo mucho más concreto:

  1. Lee.
  2. Subraya los datos.
  3. Haz el ejercicio 1.
  4. Avísame cuando termines.

Decir “trabaja” indica lo que esperamos.

Pero no necesariamente proporciona la estructura que el alumno necesita para empezar.

4. ¿Pierde la información mientras trabaja?

Hay alumnos que empiezan correctamente.

Realizan el primer paso y, aparentemente, todo va bien.

Pero al poco rato preguntan:

“¿Ahora qué tenía que hacer?”

O realizan únicamente una parte de una instrucción que contenía dos o tres acciones.

Ante esto es fácil pensar:

“Otra vez no estaba escuchando.”

Pero no siempre es así.

En algunas situaciones puede existir una elevada demanda de memoria de trabajo.

No estamos hablando simplemente de tener “buena o mala memoria”. La memoria de trabajo permite mantener temporalmente información disponible mientras la utilizamos para realizar una tarea.

Gathercole y colaboradores han descrito cómo las dificultades relacionadas con la memoria de trabajo pueden hacerse visibles en el aula cuando el alumno pierde información necesaria para continuar una actividad, especialmente cuando la demanda supera su capacidad disponible.
Gathercole y colaboradores – PubMed Central

¿Qué podemos probar?

En lugar de repetir toda la explicación cada vez, podemos sacar parte de la información de su cabeza y ponerla en el entorno.

Por ejemplo:

📌 1. Lee.
📌 2. Busca dos ideas importantes.



📌 3. Escríbelas.
📌 4. Revisa.

Después observamos:

¿Cambia su rendimiento cuando ya no tiene que mantener todos los pasos mentalmente?

Esta pregunta es muy interesante porque la adaptación no solo ayuda al alumno.

También nos proporciona información.

Si su rendimiento mejora claramente al externalizar los pasos, hemos aprendido algo sobre dónde puede estar apareciendo la dificultad.

5. ¿Sabe hacerlo, pero necesita mucho más tiempo?

Hay alumnos que realizan correctamente una tarea, comprenden lo que hacen y, sin embargo, necesitan bastante más tiempo que sus compañeros.

Aquí conviene introducir la velocidad de procesamiento con mucha prudencia.

Ir despacio no equivale automáticamente a tener baja velocidad de procesamiento

Y mucho menos podemos deducir un índice del WISC-V simplemente observando cuánto tarda un niño en realizar una ficha.

Las pruebas de velocidad de procesamiento evalúan tareas concretas en unas condiciones determinadas. No son equivalentes a “ser lento en clase”.

Además, la relación entre velocidad de procesamiento y rendimiento académico cronometrado es compleja. Un estudio realizado con población clínica encontró asociaciones entre ambas variables, pero no permite convertir la lentitud observable en el aula en una conclusión diagnóstica.
Processing speed and timed academic skills – PubMed

Por eso la pregunta debería ser:

¿Dónde se ralentiza?

¿Es lento pero preciso?


¿También tarda cuando conoce perfectamente el procedimiento?

¿La dificultad aparece leyendo?

¿Copiando?

¿Escribiendo?

¿Calculando?

¿Decidiendo qué hacer?

¿Revisando una y otra vez?

Decir:

“Tarda mucho”

describe algo.

Pero todavía no explica por qué tarda mucho.

6. ¿La dificultad está en una habilidad que todavía no está automatizada?

Imaginemos dos alumnos que necesitan 25 minutos para resolver cuatro problemas matemáticos.

Los dos obtienen el mismo resultado observable:

no terminan la actividad a tiempo.

Sin embargo, al observarlos descubrimos algo distinto.

Alumno A

Comprende los problemas, pero tarda muchísimo leyendo cada enunciado.

Alumno B

Lee perfectamente, pero necesita utilizar los dedos para resolver operaciones básicas en cada ejercicio.

Los dos tardan.

Pero no por el mismo motivo.

En el primer caso puede existir una dificultad relacionada con la lectura.

En el segundo, parte del esfuerzo cognitivo está dedicado todavía a cálculos que otros alumnos realizan de forma más automatizada.

Lo mismo puede ocurrir en escritura, ortografía, cálculo, lectura o cualquier otra habilidad básica.

Cuando una habilidad todavía requiere mucha atención consciente, consume recursos que el alumno necesita también para realizar el resto de la tarea.

Por eso, antes de limitar nuestra intervención a “darle más tiempo”, conviene preguntarnos:

¿Qué habilidad concreta está sosteniendo esta actividad y hasta qué punto está automatizada?

Dar más tiempo puede ser necesario.

Pero no siempre constituye por sí solo la intervención que ese alumno necesita.

7. ¿La propia tarea está añadiendo una barrera innecesaria?

Hasta ahora hemos observado distintas dificultades que pueden aparecer en el alumno.

Pero también tenemos que mirar la tarea.

Imaginemos que el objetivo real de una actividad es:

Identificar las causas de la Revolución Industrial.

Sin embargo, para demostrar que ha aprendido ese contenido el alumno tiene que:

  • copiar diez preguntas;
  • leer dos páginas;
  • localizar las respuestas;
  • redactarlas completamente;
  • mantener una determinada organización en la hoja;
  • revisar que no haya olvidado ninguna.

Entonces conviene hacernos una pregunta:

¿Qué estoy evaluando realmente?

¿El conocimiento sobre la Revolución Industrial?

¿O también la velocidad de copia, la lectura, la escritura, la planificación, la memoria y la resistencia ante una tarea larga?

Esto no significa eliminar las exigencias académicas.

Significa distinguir qué forma parte del objetivo de aprendizaje y qué puede estar convirtiéndose en una barrera añadida.

Desde el DUA, CAST plantea precisamente diseñar teniendo en cuenta la variabilidad del alumnado y reducir barreras innecesarias para que todos puedan acceder al aprendizaje.
CAST – Universal Design for Learning

Por ejemplo, si copiar las preguntas no forma parte del objetivo, quizá podamos entregarlas impresas.

Si queremos comprobar que comprende un contenido, quizá parte de la respuesta pueda darse de forma oral.

Si una actividad muy larga provoca que pierda constantemente el punto en el que está, podemos fragmentarla.

Adaptar no significa necesariamente hacer algo “más fácil”.

En muchas ocasiones significa hacer que la dificultad esté donde realmente queremos evaluar.

8. ¿Ocurre siempre?

Antes de decidir nada, necesitamos buscar excepciones.

Porque quizá no termina:

  • todas las tareas;
  • solo las escritas;
  • solo las de matemáticas;
  • únicamente cuando tiene que copiar;
  • cuando hay mucho ruido;
  • después del patio;
  • cuando trabaja solo;
  • cuando existe un límite de tiempo;
  • cuando la actividad es nueva;
  • o cuando la tarea tiene varios pasos.

También debemos observar lo contrario:

¿Hay situaciones en las que sí termina?

¿Termina cuando trabaja oralmente?

¿Cuando utiliza material manipulativo?

¿Cuando el adulto divide la actividad?

¿Cuando sabe exactamente qué tiene que hacer?

¿Cuando el tema le interesa especialmente?

Las excepciones no son detalles sin importancia.

Nos ofrecen información sobre qué variables pueden estar influyendo.

Si un alumno realiza una actividad sin dificultad en unas condiciones y se bloquea sistemáticamente en otras, esa diferencia merece ser observada.

9. Un pequeño árbol de decisión

Podemos ordenar toda esta observación mediante un esquema sencillo.

MI ALUMNO NO TERMINA

¿Sabe explicar qué tiene que hacer?

NO → observar la comprensión de la consigna.

→ preguntar:

¿Consigue empezar solo?


NO → observar el inicio de tarea.

→ preguntar:

¿Pierde los pasos mientras trabaja?

→ observar la demanda de memoria de trabajo.

NO → preguntar:

¿Trabaja correctamente, pero muy lentamente?

Si es así, necesitamos localizar dónde está el cuello de botella:

  • lectura;
  • escritura;
  • cálculo;
  • organización;
  • revisión.

Importante

Este esquema no diagnostica.

Sirve únicamente para ordenar nuestra observación, formular hipótesis y decidir qué conviene comprobar antes de modificar la intervención o solicitar una valoración más específica.


10. Tabla de observación e hipótesis para maestros

Lo veo → compruebo → pruebo

Si observo…

Antes compruebo…

Puedo probar…

No empieza

¿Sabe cuál es el primer paso?

Mostrar únicamente el primer paso

Pregunta constantemente

¿Comprende y mantiene la consigna?

Dejar los pasos visibles

Trabaja bien pero tarda

¿En qué parte se ralentiza?

Observar dónde aparece la carga y reducir demandas accesorias

Copia durante muchísimo tiempo

¿Copiar forma parte del objetivo?

Proporcionar parte de la información impresa

Solo termina conmigo

¿Qué aporto cuando estoy cerca?

Convertir esa ayuda en un apoyo visual o una pauta

Deja ejercicios a medias

¿Pierde los pasos o cambia de tarea?

Fragmentar y marcar el final de cada fase

Borra y repite constantemente

¿Necesita revisar o intenta que todo quede perfecto antes de avanzar?

Observar posibles factores emocionales o de perfeccionismo

Esta tabla tampoco pretende establecer una relación automática entre una conducta y una causa.

Su función es ayudarnos a convertir una impresión general en preguntas que podamos comprobar.

11. Lo que NO podemos concluir todavía

Después de observar que un alumno tarda mucho o no termina las tareas, todavía no podemos afirmar:

“Tiene TDAH.”

“Tiene baja velocidad de procesamiento.”

“Es vago.”

“No tiene autonomía.”

“Necesita menos ejercicios.”

Porque todavía estamos observando.

La memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva forman parte de las denominadas funciones ejecutivas y participan en numerosos comportamientos orientados a una meta. Sin embargo, una conducta aislada en el aula no permite determinar qué proceso está detrás de ella.
Diamond – Executive Functions, PubMed Central

Por eso quiero recuperar una idea que puede acompañar toda esta serie:

LO QUE VEO ≠ LO QUE PUEDO CONCLUIR

Primero observamos.

Después formulamos hipótesis.

Después probamos.

Y solo entonces empezamos a interpretar con mayor fundamento.

12. Observar durante dos semanas

Cuando una situación se repite, puede ser útil realizar durante unos días un registro muy sencillo.

No necesitamos un documento de doce páginas.

Durante aproximadamente diez días lectivos podemos anotar únicamente:

Tarea:
Hora:
Qué debía hacer:
Dónde se detuvo:
Qué ayuda necesitó:
Qué ocurrió después de recibir esa ayuda:
¿Terminó?:
Excepción o dato interesante:

No buscamos registrar absolutamente todo lo que hace el alumno.

Buscamos un patrón.

Quizá descubramos que no termina principalmente cuando tiene que copiar.

O que empieza correctamente, pero pierde el hilo cuando la actividad tiene varias instrucciones.

O que trabaja bien cuando le presentamos los pasos de uno en uno.

O que su lentitud aparece únicamente al escribir.

O que termina actividades igualmente complejas cuando puede responder oralmente.

Ahí es donde la observación empieza a convertirse en información útil.

Comprender antes de intervenir

La próxima vez que un alumno no termine una tarea, quizá nuestra primera pregunta no debería ser:

«¿Cómo hago para que termine?»

Quizá podamos empezar por otra:

«¿Qué está haciendo que esta tarea sea difícil de terminar?»

Porque dos alumnos pueden mostrar exactamente la misma conducta y necesitar respuestas educativas completamente diferentes.

Uno puede necesitar una consigna más accesible.

Otro, una señal clara para iniciar.

Otro, una secuencia visual.

Otro, más tiempo.

Otro, trabajar una habilidad que todavía no está automatizada.

Y en alguna ocasión quizá seamos nosotros quienes tengamos que revisar cómo está diseñada la tarea.

Cuando cambia nuestra explicación de lo que ocurre, también debería cambiar nuestra forma de intervenir.

Y quizá ahí está una de las partes más importantes de nuestro trabajo: no limitarnos a ver que un alumno tiene una dificultad, sino intentar comprender en qué momento aparece, qué la modifica y qué apoyo le permite avanzar.

Próximo artículo

«Si estoy a su lado trabaja; si me voy, se para: qué observar antes de hablar de falta de autonomía.»

 

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