​La psicología del «por si acaso»: cuando guardar cosas es mucho más que guardar cosas


Hace poco leí un artículo que afirmaba que las personas que guardan muchas cosas no necesariamente tienen dificultades para desprenderse de ellas, sino que suelen pensar en términos de «por si acaso».

Y tengo que reconocer que me sentí profundamente identificada.

Porque yo soy una de esas personas.

No me considero acumuladora. Mi casa no está llena de objetos imposibles de gestionar ni tengo habitaciones convertidas en trasteros. Sin embargo, si miro a mi alrededor, encuentro multitud de ejemplos de ese famoso «por si acaso» que me acompaña desde hace años.

Guardo recuerdos familiares que me conectan con personas que ya no están.

Guardo cosas de mis hijas cuando eran pequeñas porque sé que esa etapa ya no volverá.

Guardo materiales de manualidades, pinturas, pinceles y herramientas porque pienso que todavía no los he aprovechado lo suficiente.

Guardo ropa prácticamente nueva porque quizá vuelva a entrar en ella algún día.

Y como maestra, guardo fichas, materiales, adaptaciones, recursos, juegos, actividades y miles de archivos digitales que he ido recopilando durante años.

Miles.

A veces incluso me pregunto si realmente necesito conservar todo eso.

Pero entonces aparece una sensación curiosa.

Muchas veces me cuesta menos guardar algo que decidir qué hacer con ello.

Revisarlo.

Clasificarlo.

Valorar si volveré a utilizarlo.

Pensar dónde debería ir.

Tomar una decisión.

Todo eso requiere energía mental.

Y hay días en los que simplemente cerrar la caja o volver a guardar la carpeta parece mucho más sencillo.

Durante mucho tiempo pensé que era una manía personal.

Pero resulta que la psicología lleva años estudiando exactamente este comportamiento.

Y lo que ha descubierto es bastante interesante.

No guardamos cosas. Guardamos posibilidades.

Cuando pensamos en alguien que conserva demasiados objetos solemos imaginar que existe un apego excesivo al pasado.

Sin embargo, la investigación actual apunta a algo diferente.

En muchos casos no guardamos cosas porque miremos constantemente hacia atrás.

Las guardamos porque estamos pensando en el futuro.

Cuando conservamos una caja llena de materiales escolares, una carpeta con documentos antiguos o una prenda de ropa que ya no usamos, nuestro pensamiento suele ser parecido:

«¿Y si algún día lo necesito?»

«¿Y si me hace falta más adelante?»

«¿Y si lo tiro y me arrepiento?»

La psicología llama a esto intolerancia a la incertidumbre.

Dicho de forma sencilla: nuestro cerebro no lleva especialmente bien la posibilidad de equivocarse.

Y cuando decidimos conservar algo, eliminamos inmediatamente esa incertidumbre.

Ya no tenemos que elegir.

Ya no corremos el riesgo de arrepentirnos.

El objeto sigue ahí.

Por si acaso.

El miedo a perder oportunidades

Hay una idea que me hizo reflexionar mucho mientras leía sobre este tema.

Quizá no guardamos objetos.

Quizá guardamos oportunidades.

Porque esa caja de pinturas no contiene únicamente pinturas.

Contiene la posibilidad de volver a crear.

Ese vestido no contiene únicamente tela.

Contiene la posibilidad de volver a utilizarlo.

Ese material escolar no contiene únicamente fichas.

Contiene la posibilidad de que algún alumno lo necesite algún día.

Y cuando lo miramos desde esta perspectiva, resulta más fácil entender por qué cuesta tanto desprenderse de determinadas cosas.

No sentimos que estamos tirando un objeto.

Sentimos que estamos renunciando a una posibilidad futura.

Los objetos también cuentan nuestra historia

Por supuesto, no todo tiene que ver con la utilidad.

Hay objetos que conservamos porque representan momentos importantes de nuestra vida.

Los psicólogos hablan de apego emocional a las posesiones.

No guardamos ciertos objetos por lo que son.

Los guardamos por lo que significan.

Un dibujo infantil puede transportarnos a una tarde concreta.

Una carta puede recordarnos una amistad.

Una fotografía puede devolvernos la presencia de alguien que ya no está.

Un pequeño recuerdo familiar puede contener una historia entera.

Cuando alguien nos dice «si no lo utilizas, tíralo», está aplicando una lógica práctica.

Pero las emociones rara vez funcionan con lógica práctica.

Por eso una caja aparentemente llena de papeles puede resultar tan valiosa para quien la conserva.

Los maestros y el «por si acaso» profesional

Si hay un colectivo que probablemente entiende bien este fenómeno, somos los docentes.

Y sospecho que muchos maestros y maestras se sentirán identificados con lo que voy a decir.

Guardamos materiales constantemente.

Fichas.

Juegos.

Adaptaciones.

Libros.

Recursos manipulativos.

Carteles.

Programaciones.

Presentaciones.

Y ahora también miles de archivos digitales.

Nuestros ordenadores se han convertido en los nuevos trasteros.

Porque si antes acumulábamos archivadores, ahora acumulamos carpetas.

Y lo hacemos por una razón muy sencilla.

Nuestra experiencia nos ha enseñado que nunca sabemos exactamente qué necesitaremos el próximo curso.

Tal vez aquella ficha que no he utilizado durante cinco años sea justo lo que necesite un alumno con dislexia que llegará en septiembre.

Tal vez aquella adaptación vuelva a servir para otro niño con necesidades parecidas.

Tal vez aquel recurso que parecía obsoleto vuelva a tener sentido en otro contexto.

Muchas veces nuestras familias no lo entienden.

Ven cajas.

Nosotros vemos posibilidades.

Ellos ven papeles.

Nosotros vemos herramientas.

Ellos ven acumulación.

Nosotros vemos años de experiencia profesional.

Y probablemente ambos tengamos parte de razón.

Cuando el problema no es guardar, sino decidir

Otra explicación psicológica que me parece especialmente interesante tiene que ver con la fatiga mental.

Tomar decisiones consume energía.

A lo largo del día decidimos constantemente.

Qué hacer primero.

Qué responder.

Qué comprar.

Qué organizar.

Qué priorizar.

Y cuando llegamos a una caja llena de objetos pendientes de revisar, nuestro cerebro detecta una nueva lista de decisiones.

¿Lo guardo?

¿Lo tiro?

¿Lo dono?

¿Lo digitalizo?

¿Lo necesitaré?

¿Y si me arrepiento?

A veces la solución más fácil es aplazar la decisión.

Y guardar se convierte en una forma de evitar el esfuerzo mental que implica decidir.

La acumulación invisible de nuestra época

Curiosamente, la tecnología no ha solucionado nada.

Solo ha cambiado el formato.

Ahora acumulamos fotografías.

Correos electrónicos.

Documentos.

Capturas de pantalla.

PDF que pensamos leer algún día.

Recursos descargados.

Cursos pendientes.

Vídeos guardados para más adelante.

La acumulación ya no siempre ocupa espacio físico.

Muchas veces ocupa espacio mental.

Y quizá por eso nos sentimos igual de desbordados aunque nuestras casas estén más ordenadas que nunca.

Tal vez nos pasa a más personas de las que creemos

Mientras escribo este artículo pienso en mis cajas.

En mis carpetas digitales.

En mis materiales escolares.

En los recuerdos de mis hijas.

En esos objetos que siguen ocupando un lugar porque todavía no he encontrado el momento de despedirme de ellos.

Y me pregunto cuántas personas estarán leyendo estas líneas sintiéndose identificadas.

Porque sospecho que somos más de los que pensamos.

Personas que guardamos recuerdos.

Personas que guardamos materiales.

Personas que guardamos posibilidades.

Personas que, en el fondo, intentamos reducir la incertidumbre de un futuro que nunca podremos controlar del todo.

Quizá el famoso «por si acaso» no sea una señal de que vivimos anclados al pasado.

Quizá sea justo lo contrario.

Quizá sea una forma de intentar prepararnos para todos los futuros posibles.

Y ahora me gustaría saber algo.

Cuando miras esa caja que llevas años sin abrir, esa carpeta que nunca te atreves a borrar o esa ropa que sigues conservando aunque ya no uses…

¿qué estás guardando realmente?

¿Un objeto?

¿Un recuerdo?

¿O una posibilidad?

Referencias 

  • Frost, R. O. & Steketee, G. Stuff: Compulsive Hoarding and the Meaning of Things (2010).
  • Castriotta, N. et al. Intolerance of Uncertainty in Hoarding Disorder (2021).
  • Yap, K. et al. Emotional Attachment to Possessions and Hoarding Symptoms (2020).
  • Belk, R. W. Possessions and the Extended Self (teoría de la identidad extendida, vigente y ampliamente citada).
  • Artículo divulgativo que inspiró esta reflexión: «La psicología confirma que las personas que lo guardan todo y no tiran cosas innecesarias no es que no sepan desprenderse, sino que piensan en términos de “por si acaso”».

Entradas populares